Nos dieron espacio, pero un rato más tarde, cuando estábamos descansando en un claro, nos alcanzaron.
No me sorprendió que Luna tuviera las mejillas sonrojadas por el esfuerzo mientras que el lobo tuviera un aspecto descansado. Seguramente, para ellos, éramos poco más que un lastre. Pero aún y así, hacían el esfuerzo de adaptarse a nuestro paso. Acompañarnos. Porque nos querían. El por qué aún se me antojaba un poco un misterio, pero la grandeza de aquella emoción era tal que ni siquiera me imp