Soltó aquello y se quedó tan pancho mientras yo me ruborizaba y sentía que la temperatura subía por momentos. En el local. O en mi cuerpo. Lo que fuera.
―Mejor aquí, creo, así que gracias.
―De nada. ―Inclinó la cabeza en un gesto condescendiente.
Su pulgar seguía acariciándome. Y empezaba a ser consciente de que tenía un serio problema.
Realmente era su mano la que estaba tomando la mía.
Sentía el calor de su piel contra la mía.
Y esa sensación despertaba a mí el deseo de una forma que me era t