Tal vez si contaba hasta tres, desaparecería, como en los cuentos.
—Uno, dos, tres —susurré antes de voltear.
Pero lastimosamente, los cuentos son solo eso. Porque ahí seguía y para mi mala suerte, acompañada.
Bruja número uno y dos.
Ambas de brazos cruzados y mirada acusadora.
—Me dabas muy mala espina desde el principio, sabía que eras una maldita ladrona —La rubia me señaló desde su lugar, al lado de la puerta.
Volteé los ojos, porque a pesar de reconocer que estaba en una muy mala pos