La captura de Edmundo, el juicio, la prensa, la caída definitiva del hombre que había intentado destruir mi vida. Mi madre, finalmente libre. Mi padre, finalmente vengado.
Catrina, finalmente a salvo.
Cuando llegué a la mansión, la paz de esos pensamientos se hizo añicos.
Algo andaba mal. Lo supe desde que crucé el portón. Las luces estaban encendidas, pero no vi a los guardias en sus puestos habituales. El silencio era demasiado denso, demasiado… vacío.
Mi nuevo jefe de seguridad me recibió en