“Mujer” me provocaba un asco que me llamara de esa forma cuando se fijó en mí siendo una adolescente de quince años.
Se acercó, pero retrocedí, usando la gran mesa como barrera, mi pulso se aceleró, los latidos de mi corazón retumbando en mis oídos.
—No te acerques —La voz me temblaba, mis ojos analizando cada uno de sus movimientos, la poca distancia que nos separaba. ¡No era suficiente!—. ¡Te lo advierto, no te me acerques!
—¿Qué vas a hacer? —Sonrió con algo parecido a la locura en sus ojo