No podía creerlo.
El hombre que me protegía, que fue al hospital a visitarme después del intento de secuestro… Era uno de los extorsionadores.
No tenía sentido. ¿Por qué él? ¿Por qué hacía esto?
Le quería hacer esas preguntas, pero mi lengua dejó de funcionar. Estaba anonadada. El sabor de la traición adormeciendo por dentro.
Él sabía por lo que yo estaba pasando, lo delicado que era mi embarazo y aún así se atrevió a torturarme psicológicamente durante días con esos malditos mensaj