El consuelo de estar junto a su padre en la cama del hospital, aunque breve, le había ofrecido a Jade un respiro en medio del caos, pero el vestido de novia, arrugado y manchado, era un recordatorio constante de la pesadilla de la que apenas había escapado. Necesitaba quitárselo, limpiarse de la sangre que le salpicó del disparo de Robert y la mentira en la que vivió.
Con un último beso en la frente de Morgan, Jade se levantó.
—Voy a casa a cambiarme —susurró, intentando que su voz sonara más f