La mansión de Hywell, que una vez fue el escenario de una opulencia calculada, se transformó en una jaula aún más opresiva para Jade tras su fallido escape. El amanecer trajo consigo no el alivio, sino la intensificación de su tormento.
Hywell, consumido por una furia fría y controlada, se aseguró de que cada rincón de su existencia estuviera bajo su yugo.
Jade fue arrastrada de vuelta a su habitación, que se sentía más como una celda de aislamiento. La pulsera rastreadora, reparada y reforzada