Los invitados, antes petrificados por el terror, comenzaron a moverse en un caos silencioso. Algunos se apresuraron a salir de la mansión, otros se acurrucaron en las esquinas, susurrando oraciones. El personal, con el rostro pálido, se movía torpemente, sin saber qué hacer, y Nick despegó sus labios de Jade. Esa petición fue la cosa más dolorosa que Nick escuchó alguna vez. Ella se estaba muriendo en sus brazos, y nadie parecía ayudar.
—¡Quítate! ¡Necesita ayuda médica! ¡Tenemos que llevarla a