El grito ahogado de Nick resonó en el salón mientras Jade caía inerte en sus brazos. La verdad de su sacrificio, pronunciada en su último aliento consciente, se cernía sobre el horror como una mortaja helada. El escarlata de su vestido se oscurecía con cada segundo que pasaba, empapado en la sangre que fluía sin cesar de la herida en su espalda. Nick volvió a gritar y todos se estremecieron. Robert, quien pensaba que solo era otro amante de Jade, tragó grueso y Hywell supo la verdad: era a Nick