Avery fue despertando poco a poco al percibir un suave roce en sus muslos y parte de su trasero. El cálido aliento que sintió en su cuello la hizo estremecer y ese beso sobre su piel hizo que la humedad y el calor se apoderaran de sí.
Mantuvo los ojos cerrados mientras sentía esas grandes manos por su cuerpo, acariciando con parsimonia y calentándola a gran velocidad. No quería abrir los ojos y darse de bruces con la realidad. Ese sueño estaba siendo fantástico, como cada vez que soñaba con Jer