Con extrema suavidad, Jeray la separó de sus brazos y le limpió las lágrimas, sintiéndose molesto por verla llorar. De la única manera en que quería ver sus lágrimas adornando su piel era cuando estaba dentro de ella, ya fuese enloqueciéndola de placer o cortándole la respiración.
—Gracias por todo lo que estás haciendo por mí… aunque no deberías.
—Pero quiero hacerlo —le sonrió y la tomó de la mano, entrelazando sus dedos—. Vamos.
La chica se dejó guiar hasta el interior de la oficina, sintien