Jeray se mordió los labios, contemplando lo preciosa y perfecta que se veía Avery amarrada en su cama, abierta para recibirlo y demasiado húmeda y caliente para cegarlo. Podría hacerle mil cosas allí y no sentía la necesidad de sacarla de su espacio más personal, no cuando se veía linda, ardiente y contrastando en los tendidos oscuros. Su piel tersa y blanca lo tentaba y la carnosidad de su cuerpo era justo lo que pedía; senos que encajaban en sus manos y muslos y trasero generosos.
Hundía sus