Jeray tuvo que contenerse a juro y separarse de Avery antes de que sus verdaderos deseos salieran a la luz y nublaran la poca razón que le quedaba.
Se levantó de la cama y se quitó el abrigo con falsa parsimonia, recorriendo cada centímetro del cuerpo de la mujer que yacía en su cama, sonrojada hasta el cuello, los labios hinchados y húmedos y demasiado sensual con el cabello algo revuelto y el uniforme fuera de su sitio.
La falda la tenía más arriba de donde debía ir y la blusa presionaba sus