Avery se sumergió en un mar de nuevas y diferentes sensaciones. La manera en que el hombre la palpaba con su lengua en una zona de su cuerpo que jamás se llegó a imaginar que podía producir tanto placer, la tenía bastante temblorosa y con la mente en blanco. Nunca se imaginó que aquella acción tan sucia y morbosa fuese tan placentera e hiciera que el calor apareciera nuevamente en su ser como una fuerte llamarada.
Cada suave lamida agudizaba un violento palpitar entre sus piernas, intensificand