88. La Jaula Más Segura
Roxana
El taxi avanzaba despacio por calles casi vacías. Elena se apoyaba en mi hombro, murmurando palabras inconexas con los ojos entreabiertos. Ya no era el cuerpo inerte de antes, pero seguía viéndose frágil. Por un instante deseé que volviera a ser aquella niña que me seguía a todas partes y me creía capaz de salvarla de todo.
Me sorprendió el tráfico a esa hora. Esa zona rara vez se atascaba después de la medianoche, salvo en noches de partido o de protestas. Las luces rojas se extendían i