Dasha alzó la vista, Lukyan apartó por primera vez la mirada de la ventana, Nurbia, quien se había quedado y que estaba sentada junto a la cabecera de Dima, sosteniéndole la mano, se irguió un poco, y los señores Oslo, se tensaron más que listos y dispuestos a acatar cualquier orden de Vladimir, y en esta ocasión no por ser el líder, sino porque ellos también querían venganza en nombre de su hija.
Lev sin embargo, solo le sostuvo la mirada, mientras espera su respuesta, conocía demasiado bien a