Un solo latido de su corazón bastó para que el odio lo invadiera, un latido, y Vladimir se descubrió deseando poder resucitar a cada una de esas personas que se habían atrevido a tocarla, solo para matarlas una y otra vez, de formas más lentas, más crueles, más dolorosas, porque por un demonio, el mafioso en él, el líder implacable del clan Neizan, rugió sediento de venganza, deseando arrancarles los ojos con sus propias manos, pero incluso ese lado oscuro se vio superado por algo más poderoso,