Vladimir tenía cada sentido de su ser en alerta, tanto así que apenas la explosión del helicóptero hizo eco entre las paredes de la montaña, el rubio fue el primero en lanzarse hacia el hotel en ruinas, con su arma en mano, corrió de la forma más sigilosa que pudo, con el corazón latiendo en los oídos, barriendo con su mirada la nieve que aún se movía, mucho más lenta que la primera avalancha, pero aun así ganando más terreno del hotel.
Tras él, Vladimir escuchaba los pasos de Nurbia y Artiom c