Vanka no tenía tiempo para preocuparse por Aleksander, su corazón palpitaba con la esperanza de que su esposo de toda la vida, hubiese alcanzado a ingresar a la boca de la cueva, aunque el silencio en su radio pesaba como el plomo, tratándola de hundirla en un mar de desesperación, pero pudo mantener sus sentimientos a raya.
Con una exhalación acomodó una vez más su rifle de largo alcance, y acomodo la mira los milímetros que eran necesarios, hasta que nuevamente tuvo a la vista el helicóptero,