Mundo ficciónIniciar sesiónPasaron las semanas. La ciudad de Nueva Aztlán crecía día a día, un testimonio de piedra y madera de la voluntad de su fundadora. Los campos, plantados con las milagrosas Semillas del Sol, comenzaron a brotar con una vitalidad asombrosa, prometiendo una cosecha que el valle nunca había visto. El hambre retrocedía, reemplazada por el sudor del trabajo y una frágil esperanza.
Pero Nayra sabía que







