El eco del beso aún vibraba en el aire del salón táctico cuando el sonido de las pesadas puertas de madera al abrirse rompió el hechizo. Vanya se apartó de Alek con una lentitud calculada, recuperando la compostura militar en un parpadeo, aunque sus ojos azules conservaban un brillo felino que antes no existía. Sura, en su interior, ronroneaba con una satisfacción salvaje, reconociendo que el Alfa supremo ya no era solo un aliado: era su macho.
Branka entró apresuradamente, deteniéndose a unos