El sol del mediodía caía sin piedad sobre las minas orientales de bismuto, transformando los cañones secos en un páramo de espejismos y polvo flotante. Tal como Vanya lo había calculado en el paso treinta y tres, el movimiento de retirada simulada de las tropas visibles de los Lobos Negros había sido el cebo perfecto. Los espías de Jacob del Oeste devoraron la carnada, informando a su señor que el flanco este de la fortaleza estaba completamente expuesto.
Desde lo alto de una de las crestas roc