El aroma de la cena ya llenaba la cocina cuando terminé de ordenar la encimera. Desde el salón llegaba la voz amortiguada de Christian hablando por teléfono. No hacía falta adivinar.
—Karen —murmuré para mí misma, soltando un suspiro.
Me acordé de la última vez que apareció, hace semanas, y sentí un alivio enorme de que no hubiera vuelto a dar señales de vida. Era una paz que ni sabía que necesitaba tanto.
Poco después, Christian apareció en la puerta de la cocina. Su cara lo decía todo. Esas l