Mundo ficciónIniciar sesión—¡Maldita sea! ¿¡No sabes tocar la puerta!? —gritó Sebastián. Ahora tenía la seguridad de que la joven italiana no tenía nada con Oliver, pero eso no solucionaba su problema de celos. Porque él había escuchado claramente los descarados gemidos de la mujer, así que estaba seguro de que algo había pasado entre ellos.
—Por supuesto que sé tocar, no tengo la culpa de que seas sordo. Adem&aac







