Capítulo treinta y seis. Una segunda oportunidad
Oliver entró al piso de Sebastián, se sentía terriblemente cansado y deliciosamente dolorido. El problema era que tenía que trabajar y solo le quedaban alrededor de tres a cuatro horas para volver a la oficina…
—¿Se puede saber dónde estabas? —Oliver pegó un brinco al escuchar la voz de Victoria en medio de la oscuridad.
—¡Maldita sea, Tory! ¿Quieres matarme? —preguntó. Oliver encendió la luz para ver a su amiga sentada en el sillón de la sala.
—Estaba preocupada —alegó Victoria.
—Se nota, ¿Cal