Mundo ficciónIniciar sesión“¡Para que no me culpes de tus malditas desviaciones!”
“¡Para que no me culpes de tus malditas desviaciones!”
“¡Para que no me culpes de tus malditas desviaciones!”
Aquellas palabras se repitieron en la cabeza de Sebastián, torturándose por lo que había hecho. Pasó la punta de su lengua sobre sus labios y antes de que pudiera pensar lo que hacía. Lanzó todo lo que estaba sobre







