Al llegar a la hacienda, de nuevo la subió a su hombro para meterla a la casa, en ese momento lo único que quería era enseñarle por qué no debía desobedecer sus órdenes, ni desconfiar de su palabra.
Entró a la habitación, fue con ella hasta la cama, y sentándose la puso en su regazo con su espalda hacía arriba.
—Luca ¿Qué vas hacer? —intentó levantarse, pero su palma en su espalda baja lo impidió.
—No te muevas o te ira peor, Colibrí —su voz era gruesa y dura, pero la cual prometía satisfacci