446. CONTINUACIÓN
El tono de su voz es agudo, cargado de rabia. Tomo una bocanada de aire para calmarme antes de responder, pero no puedo evitar que la frustración apriete mi pecho. ¿A quién está llamando desgraciado? Yo no voy a permitir que mancille la sangre de mi familia.
—¡Daniela, soy yo, Colombo! ¡Abre la puerta! Tenemos que hablar —digo con firmeza, asegurándome de que me escuche, pero también dejando claro que no me iré