397. TÚ NO ERES MI MADRE
Las palabras de Guido son como látigos en el aire, y todos parecen contener el aliento. Giovanni lo observa con seriedad, pero no lo interrumpe. Su rostro endurecido refleja más cautela que sorpresa. Rosa, en cambio, parece al borde del colapso.
—¡Eso es mentira! —grita, mirando desesperadamente a su esposo, buscando complicidad en su mirada—. ¡Mientes, Guido! ¿Cómo puedes acusarme de algo tan horrendo? ¡Siempre he hecho todo por esta familia!
Rosa se paraliza, sus ojos se abren como los de un