100. UNA MADRE
Maximiliano permanecía en silencio, jugando con el borde del mantel mientras los sonidos cotidianos de la cocina parecían amplificarse con el peso de sus pensamientos. Podía sentir la mirada de Stavri, pesada como un juicio, aunque cargada de esa peculiar mezcla de ternura y determinación que solo su madre era capaz de expresar sin decir una palabra.
—Siempre tienes un plan, ¿verdad? —preguntó él, con admiración y escéptica incredulidad.
—Siempre —respondió Stavri sin vacilar—. Sobre todo si e