Desde la puerta se oyó un suave y dramático sollozo. Clara finalmente apareció, con una mano presionada contra su corazón y la otra descansando sobre su vientre aún plano.
Y su rostro era una obra maestra de inocencia herida.
—Lo siento mucho, Scarlett —dijo Clara, con la voz temblorosa por una emoción fingida—. Nunca quise causar problemas. Quizás debería dormir en el sofá...
Ahí estaba.
Scarlett reconoció la manipulación de inmediato. Clara había perfeccionado esta actuación a lo largo de los