Me alejó de su pecho, sin soltarme la cara y me miró con alegría.
―Sí, mi amor, soy tu mami, soy tu mami ―aceptó emocionada.
Me tocó el rostro con devoción, algo en ella despertó y no se contuvo, su excitación por escuchar cómo la llamé la incitó a besarme la cara, a llenarme de besos la frente y las mejillas.
Se separó y tragó saliva con fuerza, me vio por un segundo y asintió.
―Mami te pondrá bien, mi pequeño. Mami hará que estés saludable, mami cuidara de su bebé ―dijo con convicción y se qu