―¡Nick! ―exclamé en un hilo de voz cuando se alejó un poco, haciéndome poner en puntas para erguirme un poco más y estar más cómodo al contemplar mis senos rebosantes y erguidos que esperaban por sus labios.
Tragué con dificultad sin saber si haría lo que deseaba o, como otros, evadiría succionar mi leche y lactarse de mis senos, cumpliendo mi fantasía.
Temí que el asco lo embargara y puse una mano en su barbilla para alzar su rostro y me mirara a los ojos.
―No necesitas…
―¡Cállate! ―reprendió