Un pitido agudo perforó mis tímpanos, mi párpado derecho se tensó y tuve que parpadear para que el músculo volviese a su lugar. No sentí mi corazón, tenía la sangre congelada, el estómago cerrado y mil ideas pasaron por mi mente sin que pudiese comprender ni una sola.
Su voz golpeó mis oídos, una tras otra vez, hasta perforar mis tímpanos y traspasar directo al cerebro que se desinfló y envenenó con sus palabras.
Siempre lo supe, siempre entendí que Georgia me odiaba, que sentía un fuerte resen