Reconozco que en cuanto se fue Georgia mi mente fraguó una y mil posibilidades para llevar a cabo mi cometido, pensé en mil «incidentes» para seducir a mi «cuñado». En mi mente se proyectaron los diferentes escenarios en los que su marido quedaba cautivado conmigo y luego lo arrastraba hasta mis dominios para que dejara a su mujer.
Si lo que dijo en la llamada mi queridísima hermana era verdad, Lucas quería el divorcio. Dudé que la raíz de sus problemas residiera en su infertilidad, su amante a