―¿Y me lo dices tan campante? ―reclamó la otra.
―No seas así, Cherry. Eres el amor de mi vida, solo que… ya sabes, no puedo divorciarme de Lucas. Pretender que amo a mi marido, que soy una buena esposa y demás cosas, hará que me den el ascenso. Es más que solo un ascenso, bebé. Sabes que, si logro alcanzar la cima en el bufete, podré cambiar las cosas. Es momento de que los dinosaurios que obligan a las trabajadoras a estar casadas y tener horribles niños para dirigir el bufete sean removidos.