Chisté animada al escuchar el relato de Tara. El calor reptó por mi centro, desde lo más profundo de mi vientre, en un enmarañado tejido que envió un suave hormigueo por mi piel.
Contuve el jadeo, así como traté de controlar las pulsaciones de mi corazón.
―No te imaginas lo que me hizo… ―ronroneó Tara, con el gesto descompuesto por la pasión.
Sus ojos brillaron y se relamió los labios al hacer una corta pausa en la que apretó los muslos y, de no estar afianzando la copa de vino con la mano, est