El sonido de la lluvia volvió a ser parte de la casa, como si nunca se hubiera ido. Durante semanas había deseado que el silencio terminara, pero no así. No con ese rumor constante que parecía anunciar un final que nadie quería pronunciar.
El día comenzó con llamadas que no contesté y mensajes que no quise leer. Todo se resumía a una sola frase: Alejandro tiene que irse.
Lo había escuchado de Lucía la noche anterior, su voz temblando entre la firmeza y la culpa.
—El fiscal especial insistió —me