El eco de la voz de Arturo Salvatierra reverberó por los muros del túnel, helando la sangre de todos. Emma sintió cómo el aire se le escapaba de los pulmones, como si cada sílaba hubiese sido un cuchillo directo a su pecho. Alejandro la tomó de la mano con fuerza, el contacto ardiente y seguro en medio de la incertidumbre.
Lucía, apoyada contra Clara, cerró los ojos un instante, como si aquella voz hubiera regresado a perseguirla desde sus peores pesadillas. Su cuerpo temblaba, pero en su mirad