El día amaneció pesado, como si el cielo hubiera decidido posponer su claridad para darles a los presentes la oportunidad de respirar una última vez antes de lanzarse al abismo. En el apartamento reinaba un silencio tenso, no el silencio cómodo de los momentos compartidos, sino el silencio que se instala cuando las palabras que faltan pesan más que las que se dicen.
Alejandro se había levantado temprano, sin buscar el abrazo de nadie. Caminó por la casa con las manos vacías, con el ceño fruncid