El amanecer se derramaba con suavidad sobre la ciudad, tiñendo los edificios de tonos dorados y anaranjados, como si el sol quisiera devolverles a todos un poco de esperanza después de tantas noches de oscuridad. Sin embargo, dentro del apartamento donde Emma y Alejandro compartían refugio, la claridad apenas conseguía rozar la superficie de sus emociones. Allí, entre sábanas revueltas y silencios demasiado pesados, el amor y la herida convivían en un mismo espacio, incapaces de separarse del t