El terreno se extendía frente a ellos como una promesa.
Donde antes hubo ruinas, ahora se levantaban muros recién pintados de blanco, ventanales amplios y un jardín sembrado con flores que los niños habían ayudado a plantar. El cartel, aún cubierto por una tela azul, esperaba el momento de su revelación.
Emma caminaba despacio, observando cada rincón. El olor a pintura, a madera nueva y a tierra húmeda se mezclaba en el aire. Su pecho se llenaba de algo que no había sentido en mucho tiempo: paz