La noche había caído pesada sobre el castillo, con un silencio extraño que parecía presagiar tormenta. Emma estaba recostada en la habitación junto a Alejandro, quien aún se recuperaba del roce de la bala en su brazo. Aunque los médicos de confianza que Lucía había conseguido aseguraban que no había riesgo, Emma no dejaba de vigilarlo, como si el amor se le hubiera vuelto también una guardia perpetua.
En otra ala de la mansión, Daniel dormía plácidamente en su habitación. El niño, que había emp