Lucian se acercó a nosotros con pasos suaves pero decididos. Sus ojos, fríos y calculadores, reflejaban una preocupación contenida. Su presencia rompió el silencio incómodo que había quedado entre Emily y yo tras mi revelación. Pero no lo culpaba; Lucian rara vez interrumpía si no era estrictamente necesario.
—Su alteza —dijo Lucian con tono educado, inclinando la cabeza ligeramente en señal de respeto—. Tenemos una situación. Algunos de los brujos que pertenecían al aquelarre de sus padres han