Neriah
No se mueven.
El silencio es un tambor, sordo, listo para estallar, cada aliento es un grito que nadie se atreve a pronunciar, la habitación entera está suspendida entre sus miradas, entre este odio antiguo y este deseo demasiado vivo, demasiado ardiente, esta cosa que palpita entre ellos y dentro de mí, esta cosa que me roe, que me devora, esta marca en mi piel que no es solo un sello, sino un llamado, una fractura, una apertura.
Se observan, ninguno retrocede, y siento, en el fon