NERIAH
Sigo aquí.
El aliento entrecortado. El corazón deshecho. El olor de Kael en mis labios, en mi garganta, hasta en mis pulmones. Su beso no ha terminado. No fue un impulso, ni una caricia.
Fue un sello.
No entiendo lo que ha desatado.
Lo miro fijamente. No se mueve. Y, sin embargo, algo… cambia. El aire, las paredes, la luz misma parecen replegarse.
Sus ojos ya no son los mismos.
Más oscuros, más antiguos. Un negro que devora. Un silencio cargado de milenios.
Levanta lentamente una mano