NERIAH
Cerró la puerta.
El clic resuena en mi oficina como una sentencia.
El aire ya no circula. Se espesa. Se adhiere a mi piel. Me enderezo ligeramente detrás de mi escritorio, pero Kael no avanza. No aún. Se limita a apoyarse contra la puerta, con los brazos cruzados, y esa mirada. Esa maldita mirada. Fría. Perturbadora. Implacable.
— Sabías que vendría —dice simplemente.
Respondo demasiado rápido.
— No sabía nada.
Él levanta una ceja. Odio ese silencio que sigue. Como si esperara que me con