Kaleb sabía que Matt estaba molesto con él, pero había sido incontrolable y le importaba poco. Había escuchado al bastardo pretendiendo acabar con la vida de su mujer y eso no lo podía permitir. Casie era suya. Suya para cuidar, para querer, para proteger.
Lo había entendido al perderla y pasar los días más amargos de su vida. Agradecía al cielo que habían podido rescatarla en el momento justo.
—Ven, gatita—le dijo con suavidad—. Ven conmigo. Te llevaremos al hospital. Le haré saber a tu herman