Trabajar todo el día y desde muy temprano con un intenso dolor de cabeza que se sentía como agujetas pulsando en sus sienes, fue el castigo por haber sobrepasado sus límites con la bebida. Siempre había sido de mal beber, por lo que lo evitaba, hasta la noche anterior.
La tranquilidad de su espacio más las ideas que se habían agolpado en su cerebro habían hecho necesaria la relajación y, sin pretenderlo, había terminado consumiendo una botella del exquisito vino que le había sido regalado como